Ejercicio 4: Taller de literatura
Evidentemente el escritor debe recrearse en la obra de los grandes, debe “libar” de muchas flores, a la caza de recursos, formas, temas… La mirada de otros nos enriquece y nos sirve de plataforma, de elástico ejercicio y precalentamiento. Gracias a los otros, madura nuestra escritura, porque ya se sabe que es necesario un aprendizaje previo y que mejor aprendizaje que la lectura selectiva. Escuchemos en este caso la voz de Juan Ramón, es una voz prodigiosa, capaz de embriagarnos, con ese vino amargo de sus preguntas. Si lo lees entrelineas, seguro que puedes sacar ideas; aísla esos motivos que te vienen a la mente, los primigenios, los que suelta tu mente de forma inmediata. Con esos motivos, con esas ideas, puedes escribir tú un poema, quizá un microrrelato si te atreves. Relee una y otra vez lo que has escrito, hasta que olvides su procedencia, hasta que escuches el ruido de tu voz, hasta el texto salga de tus entrañas.
<<Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo>>. Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de todo lo por vivir. No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo, a un lado y otro, en esta fuga (rosas, restos de alas, asombra y luz) es sólo mío, recuero y ansia míos, presentimiento, olvido. ¿Quién sabe más que yo, quién, qué hombre o dios, puede, ha podido, podrá decirme a mí que es mi vida y mi muerte, qué no es? Si hay quien lo sabe, yo lo sé más que ése, y si quien lo ignora, más que ése lo ignoro. Luca entre este ignorar y este saber es mi vida, su vida, y es la vida. Pasan vientos como pájaros, pájaros igual que flores, flores soles y lunas, lunas soles como yo, como almas, como cuerpos, cuerpos como la muerte y la resurrección; como dioses. Y soy un dios sin espada, sin nada de lo que hacen los hombres con su ciencia; sólo con lo que es producto de lo vivo, lo que se cambia todo; sí, de fuego o de luz, luz. ¿Por qué comemos y bebemos otra cosa que luz o fuego? Como yo he nacido en el sol, y del sol he venido aquí a la sombra, ¿soy de sol, como el sol alumbro?, y mi nostaljia, como la de la luna, es haber sido sol de un día y reflejarlo sólo ahora. Pasa el iris cantando como canto yo. Adiós iris, iris, volveremos a vernos, que el amor es uno y solo y vuelve cada día. ¿Qué es este amor de todo, como se ha hecho en el sol, con el sol, en mi conmigo? (…)
Obra poética, Juan Ramón Jiménez.



