Ejercicio 5: Taller de literatura.
En principio todo escritor sabe que es muy importante el primer párrafo de un libro, las primeras páginas atrapan o no al lector, le incitan a seguir leyendo, o le instan a dejar el libro abandonado en un cajón. Pensemos que este hecho se multiplica si somos un editor o lector profesional y debemos decidir qué libros publicamos y cuáles devolvemos con la consabida nota… muy educada en apariencia, pero que al sufrido escritor le deja sabor a hiel: su libro es devuelto una y otra y otra... Nadie nos hace caso, tal vez si conociese a alguien del mundillo. Por supuesto que si conoces a alguien puede abrirte puertas; pero el buen escritor no se alimenta sólo de contactos, el buen escritor se hace en la soledad de su estudio, con la papelera a mano y montones de ideas rondando una hoja en blanco que es su epicentro: unas veces le habla; otras, está callada y no suelta prenda; pero siempre está ahí.
He escogido el inicio de Sinuhé, el egipcio… porque éste es un claro ejemplo de la fuerza que tiene un buen comienzo. Un buen comienzo no se acartona nunca, volvemos a leerlo y seguimos identificándonos con lo narrado, vuelven a nosotros las imágenes de lo leído como si abriésemos un túnel en el tiempo. En realidad ese comienzo nunca se ha marchado del todo, siempre ha estado ahí, agazapado en nuestra memoria y por eso, apenas abrimos el libro, revivimos lo narrado.
En este caso, la fuerza reside en la personalidad del personaje, en la capacidad de mostrarnos cómo se siente, de abrirnos la puerta de su corazón y hacer que nos sintamos copartícipes de lo que va contarnos. El que repita una y otra vez que únicamente escribe para sí, es un acicate más, nuestro deseo de continuar leyendo se multiplica. Waltari ha establecido un puente, seguro de que vamos a atravesarlo sin dudarlo. La grandeza del texto reside en la elección del narrador y en el punto de vista, aunque también es muy importante el tono, la cadencia de la palabra, o lo que es lo mismo, la fuerza que imprime a su relato.
Cada personaje, cada estilo, cada historia requiere un tono, un lenguaje, un ritmo determinado. Si eres un principiante es lógico que te asalten las dudas, y lo más sensato es que busques un lenguaje eficaz, claro y preciso y te olvides de las florituras. Poco a poco irás modelando tu estilo, poco a poco te irás sintiendo más cómodo, e incluso, es posible que nunca te sientas demasiado cómodo, que la escritura para ti suponga una catarsis titánica, un tira y afloja continuo; todo eso lo descubrirás a su debido tiempo.
En este momento, sólo te pido que escuches a Sinuhé, y sigas sus pasos sin miedo… Sólo tienes que ponerte en la piel del personaje. El rol del personaje es aleatorio, en el fragmento nos habla Sinuhé, pero en tu ejerció puede ser cualquiera. Cualquier persona, incluso la aparentemente menos interesante, puede servirte de personaje. Lo importante es que te introduzcas en su mirada, que el mundo que crees sea verosímil, que el lector sienta el gusanillo de la curiosidad, ya sabes que de no ser así, estás perdido.
Al principio puedes crearte una ficha de ese personaje, en la que esquematices los rasgos más sobresalientes, lo que lo identifica de forma convincente. No apuntes demasiados rasgos, sólo aquellos que creas eficaces para el comienzo. Una vez lo tengas claro, explícale al lector quién eres… haz que se sienta cómodo ante tu voz, susúrrale… para que permanezca a tu lado, explícale el motivo de tu historia. Tal vez ese esbozo pueda servirte posteriormente para iniciar una novela, pero sólo tal vez.
Yo Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo del porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros.
Porque todo lo que se ha escrito hasta ahora lo fue para los dioses o para los hombres. Y sitúo entonces a los faraones también entre los hombres porque son nuestros semejantes en el odio y en el temor, en la pasión y en las decepciones. No se distinguen en nada de nosotros, aun cuando se sitúen mil veces entre los dioses. Son hombres semejantes a los demás. Tienen el poder de satisfacer su odio y de escapar a su temor, pero este poder no les salva de la pasión ni de las decepciones, y cuanto ha sido escrito lo ha sido por orden de los reyes, para halagar a los dioses o para inducir fraudulentamente a los hombres a creer en lo que ha ocurrido. O bien para pensar que todo ha ocurrido de manera diferente de la verdad. En este sentido afirmo que desde el pasado más remoto hasta nuestros días todo lo que ha sido escrito se escribió para los dioses y para los hombres.
Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hombre no cambia aun cuando cambien sus hábitos y las palabras de su lengua. Los hombres revolotean alrededor de la mentira como las moscas alrededor de un panal de miel, y las palabras del narrador embalsaman como incienso, pese a que esté en cuchillas sobre el estiércol en la esquina de la calle, pero los hombres rehúyen la verdad.
Yo, Sinuhé, hijo de Senmut , en mis días de vejez y de decepción estoy hastiado de la mentira. Por esto escribo para mí solo lo que he visto con mis propios ojos o comprobado como verdad. En esto me diferencio de cuantos han vivido antes que yo o vivirán después de mí. Porque el hombre que escribe y, más aún, el que hace grabar su nombre y sus actos sobre la piedra, vive con la esperanza de que sus palabras serán leídas y que la posteridad glorificará sus actos y su cordura. Pero nada hay que elogiar en mis palabras, mis actos son indignos de elogio, mi ciencia es amarga para el corazón y no complace a nadie. Los niños no escribirán mis frases sobre la tablilla de arcilla para ejercitarse en la escritura. Los hombres no repetirán mis palabras para enriquecerse con mi saber. Porque he renunciado a toda esperanza de ser jamás leído o comprendido.
En su maldad, el hombre es más cruel y más endurecido que el cocodrilo del río. Su corazón es más duro que la piedra. Su vanidad, más ligera que el polvo de los caminos. Sumérgelo en el río, una vez secas sus vestiduras será el mismo que antes. Sumérgelo en el dolor y la decepción; cuando salga será el mismo de antes. He visto muchos cataclismos en mi vida, pero todo está como antes y el hombre no ha cambiado. Hay también gente que dice que lo que ocurre nunca es semejante a lo que ocurrió, pero esto no son más que vanas palabras.
Yo, Sinuhé, he visto a un hijo asesinar a su padre en la esquina de una calle. He visto a los pobres levantase contra los ricos, los dioses contra los dioses. He visto a un hombre que había bebido vino en copas de oro inclinarse sobre el río para beber agua con la mano. Los que habían pesado el oro mendigaban por las callejuelas, y sus mujeres, para procurar pan a sus hijos, se vendían por un brazalete de cobre a negros pintarrajeados.
No ha ocurrido, pues, nada nuevo ante mis ojos, pero todo lo que ha sucedido acaecerá también en el porvenir. Lo mismo que el hombre no ha cambiado hasta ahora, tampoco cambiará en el porvenir. Los que me sigan serán semejantes a los que me han precedido. (…)
Sinuhé, el egipcio.
Mika Waltari. Círculo de lectores




Comentarios sobre Ejercicio 5: Taller de literatura.
Hola.
Si lo escrito tiene mucha realidad; pero hoy en día. donde el mundo consume más libros de autoayuda. como hacer literatura. La estadística dice que se lee más esos libros y se piratea más. Donde las personas buscan solución a sus problemas, llegando a pensar que la solución esta en esos libros.
Querido amigo, es muy importante el autoconvencimiento, si amas la literatura... te sentirás resguardado e instigado a seguir.